El Tamborito es el baile típico más popular de Panamá. Es bailado por hombres y mujeres vestidos con hermosos ajuares. Posee un  ritmo sumamente contagioso, que permite involucrar a los presentes, haciéndoles partícipes del baile y canto, donde se mezclan el ritmo del tambor, sentimiento y emociones que emanan del pueblo  y de extranjeros enamorados de ésta tierra.  Es simplemente irresistible.

Como mucho de los bailes típicos latinoamericanos, el Tamborito se originó de los bailes de esclavos negros, cuando reunidos en las plantaciones o en las minas de oro, rezaban bailando en medio de fogatas, tambores y sollozos a los dioses. Y a través de estos rezos, expresaban su tristeza por la  lejanía de sus hogares, cortejos a sus mujeres, simulaban guerras tribales e imitaban a sus abusivos amos.

Este baile fue cambiando a medida que los mestizos (españoles mezclados con criollos y nacidos en América) se asentaron, ya que no se consideraban ni españoles ni americanos. Pero amabas herencias culturales se conjugaron al incorporarse los bailes negros con las fiestas de patio de los criollos y carnavales en el baile de salón. Fue aquí donde nació el Tamborito como baile e idiosincrasia.

Hay ciertos elementos presentes en éste baile como son los ritmos africanos, el coqueteo, decepción, esperanza, amor, muerte, celos, placer, erotismo y hasta sexo.

Aunque el Tamborito es un poco más suave que el Baile Congo Colonense, hay  movimientos  amorosos y lascivos presentes.

EL ROL DE LA MUJER

El Tamborito es guiado por una Cantalante, es decir una cantante femenina que guía los coros y acompaña con aplausos, para que las bailarinas creen movimientos sensuales y coquetería que permita a los varones reaccionar mediante cortejos y recreando figuras. Interactúan al paso de las mujeres, siguiendo la letra de las canciones.  Al ser bailado en pareja, cada una baila según el turno que le tocó.
Es muy parecido a la dinámica de las cantantes y bailarinas negras de Costa Arriba de Portobelo, Colón.

El vestido típico más lujoso es llevado por la mujer. Se llama “La Pollera”,  nuestro Vestido Nacional, una voluptuosa falda con pliegues, acompañada de cadenas de oro, medallones, monedas y peinetas elaboradas, ornamentos  en el cabello y aretes trabajados con perlas y oro también.  También hay versiones de Polleras menos lujosas y que representan las diferentes facetas de la mujer panameña en las distintas regiones del Istmo panameño (Las Tablas, Ocú, Veraguas, Coclé, etc.) ya sea para trabajar y de uso diario o la de gala en seda o con encajes hechos a mano.

Por décadas La Pollera fue de uso plebeyo. Para 1880 las mujeres de clase baja usaban una versión de encajes para uso diario y si le ponían un lazo si era para alguna ocasión festiva. Pero las mujeres de abolengo sintieron que esa Pollera era un símbolo de nuestra herencia española, dada la similitud con las faldas españolas y  la hicieron su ajuar al mejorarla lujosamente.

LETRAS PEGAJOSAS
“Panameño, Panameño,
Panameño, vida mía.
Yo quiero que tú me lleves,
Al tambor de la alegría”.

Éste soneto es el más popular de nuestro Tamborito, conocido por  todo panameño.
La idea de hacer las letras pegajosas, permite que todos los presentes la canten sin tener que memorizarla.
El Cantador Adelante o Cantalante empieza la canción y el resto de las mujeres la siguen en el estribillo y aplaudiendo. Así todos participan.

Los temas de éstas letras pueden variar desde lo político hasta temas de amor o simplemente expresando su alegría. El coro se mantiene igual, pero cada tonada es especial.
El Tamborito comprende muchas circunstancias a través de la vida de Panamá como nación y antes de ser aceptada como tal, por consiguiente, es más que un baile, es una cultura que habla por sí misma.